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LA VIDA, UN HECHO FORTUITO PRODUCIDO EN UN SOLO ACTO

LA VIDA, UN HECHO FORTUITO PRODUCIDO EN UN SOLO ACTO

 

NUESTRO MUNDO ACTUAL ES UNO DE LOS MUCHOS MUNDOS POSIBLES. La versión de la vida que conocemos es una versión entre otras que quedaron en el camino, nuestro presente histórico es uno entre otros que no llegaron a fraguar, ¿Tan difícil es esto de entender, so patán? ¿Cuántas posibilidades tuviste de haber sido concebido tú y no otro distinto? Pues una partida por el número de espermatozoides, es decir, una entre treinta millones. Claro, lo que ocurre es que alguien tan obtuso como tú, Macmurciélago, contempla su existencia exclusivamente desde su presente y no mira hacia el pasado. Anda, sigue calculando probabilidades, de que tu padre y tu madre se hubieran o no conocido, de que se hubieran conocido o no tus abuelos, tus bisabuelos, etc, y divídelo entre los espermatozoides ... tenemos que tu nacimiento hubiera sido absolutamente imposible e improbable.

Sigamos aplicando cálculos hasta llegar al origen de la vida, merluzo. IMPOSIBLE. ¿Cual sería tu conclusión? Pues Dios, claro. ¡Pero mira uqe eres palurdo!

Vaya descubrimiento, Laplace no conoció el Big-Bang, lo cual no quita ni a Newton ni a él el mérito de haber sentado las bases de la física moderna. Por cierto, como muestra de tu ingente cultura no has sabido decirme cual fue la respuesta que Laplace dió a Napoleón: "Sire, no necesito hacer uso de esa hipótesis"

El proceso de formación de la biósfera, fortuito como pocos, no ha sido el resultado de un solo sorteo de lotería sino de varios sorteos a elegir un número entre miles de millones de posibilidades en contra. El primer azar lo podemos encontrar en la formación misma del átomo de carbono, base del sistema viviente. Para la síntesis del núcleo de carbono en el interior de las estrellas debió concurrir de modo casi simultáneo el choque de tres núcleos de helio. El problema radica en que el choque de dos núcleos de helio produce la formación de un núcleo bastante inestable de berilio (Be8) y para que se sintetice el átomo de carbono se requiere una nueva colisión, casi inmediata, de este fugaz átomo de berilio con otro de helio, siempre que el primero no se desintegre antes. Aún así la colisión no tiene ni mucho menos garantizado el éxito al cien por cien, pues habrán de intervenir otros factores favorables a la génesis del carbono, como la energía del choque que necesariamente habrá de equiparar la resonancia nuclear del nuevo átomo de helio con el del átomo compuesto de berilio. Aún así el nuevo átomo de carbono (C12) no las tendría todas consigo, un cuarto choque con un nuevo núcleo de helio podría generar un nuevo material, oxígeno (O16), aunque en este último caso, la suerte corre de cargo del carbono, pues una resonancia en el núcleo de (O16) está por debajo de la energía térmica de sus componentes.

Parece ser que la síntesis que se operó en el caldo prebiótico de hace cuatro mil millones de años ha sido consecuencia de un proceso que se produjo fortuitamente en una sola ocasión, en un solo lugar. No hubo en este caso formaciones paralelas ni convergencias. Francis Crick , Jacques Monod y otros biólogos destacan que la inmensa analogía de toda la materia protoplámica del planeta Tierra nos ha de inducir a creer que efectivamente sucedió de ese modo. Los bioquímicos apuntan a que la totalidad de los seres vivos de este planeta tienen una composición proteínica idéntica: las proteínas están compuestas por un grupo de veinte aminoácidos básicos, justamente cuando se pueden generar cientos de aminoácidos distintos tal y como se ha comprobado en el laboratorio. Además, las moléculas de todos los sistemas vivientes aparecen formadas invariablemente por la combinación de seis elementos químicos: carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre, pese a que el carbono podría ser intercambiable por el silicio (como base del sistema orgánico) y la molécula de hidrógeno y oxígeno (agua) por el amoniaco (como vehículo y disolvente), dando esos elementos la misma viabilidad a los sistemas vivientes.

Sin embargo, vemos que la vida nucleo-proteinada fundada en las proteínas compuestas por los veinte aminoácidos y que la química del carbono monopoliza totalmente la biósfera. No obstante se tiene una marcada tendencia a dogmatizar la vida en base al carbono y al agua como única posible incluso en los hipotéticos sistemas vivientes extraterrestres, lo que significa que de un hecho fortuito producido en este planeta se pretende establecer una necesidad universal absoluta aplicable a todos los sistemas vivientes posibles (el dogmatismo parasita a la ciencia de forma contínua). La conclusión no puede ser otra que la biósfera procede de una única fuente, una única célula, el “accidente congelado”. Jacques Monod advierte que aunque esta idea pueda parecer desagradable a los científicos es la única hipótesis posible de trabajo por cuanto que


por la universalidad misma de sus estructuras, empezando por el código, la biósfera aparece como el producto de un acontecimiento único. Es posible, desde luego, que este carácter singular se deba a la eliminación, por la selección, de muchas otras tentativas o variantes. Mas nada impone esta interpretación.


En igualdad de condiciones, y con los mismos ingredientes, un mismo fenómeno ha de tender a reproducirse de forma exacta. En eso consiste la experimentación con técnicas de laboratorio, en reproducir acontecimientos contando con los elementos y factores previos en su dosis adecuada y en las mismas condiciones del acontecimiento que se pretende reproducir y representar. En relación a la cuestión, el azar solo existe en la medida en que desconocemos los factores, magnitudes y variables que han intervenido en la producción de un suceso. El problema radica en determinar en qué condiciones se produce la conjunción de factores necesarios desencadenantes del efecto , o si esa conjunción misma está ligada a la leyes que formulamos sobre la probabilidad estadística. Por eso precisamente, porque la naturaleza no está sujeta al control de un laboratorio, debemos formular las leyes favorables a que un suceso se produzca en términos de azar y probabilidad. Descartada la necesidad de que se genere la conjunción de factores desencadenantes y, visto que estamos tratando de acontecimientos contingentes, no tenemos más opción que recurrir a las leyes estadísticas.

Si realmente la formación de la vida obedeciera a una necesidad inscrita en la esencia misma de la materia inerte, debieron de producirse desarrollos paralelos con formas de vida o de materia orgánica dependiendo de los elementos compatibles existentes en el medio propicio, y no necesariamente idénticas como sucede en nuestro mundo. Se debió generar una irradiación adaptativa en función de los elementos existentes. Observamos que caben cientos de aminoácidos posibles para formar proteínas y, sin embargo, las proteínas de las estructuras vivientes son escasamente una veintena, o, así, las zonas ricas en carbono hubieran organizado los compuestos polinucleótidos en base al carbono y las zonas ricas en silicio (el átomo del silicio tiene cuatro enlaces exactamente igual que el del carbono y crea también estructuras estables, como es el caso de la arena) hubiesen hecho uso de este elemento para formar cadenas orgánicas . Pero la estructura del código es idéntico. La misma espiral de las moléculas de ADN es idéntica en todos los organismos, todos se basan en la misma estructura de la información del código, incluso el sentido de la doble hélice es invariablemente el mismo en todos los organismos vivientes, las moléculas están dispuestas hacia la derecha, nunca hacia la izquierda. Pudieron formarse otros sistemas vivientes no basados en los sistemas nucleo-proteinados o estructurados en base a sistemas eléctricos y no a través de reacciones químicas. El libro de la vida, en el plano teórico, debía ser un libro abierto y sus posibilidades iniciales debieron ser múltiples, pero lo invariable e idéntico de su estructura nos hace pensar que no fue así. No se sabe si por selección natural se impuso el que corresponde hoy a la totalidad de los organismos vivientes, pero este mismo hecho ya nos induce a sospechar seriamente que no hay una necesidad natural y eterna de que se produjera el resultado de las estructuras vivientes tal y como hoy lo conocemos.

Durante tres mil millones de años nuestro Planeta estuvo habitado solo por microbios. Nada hacía augurar, hace seiscientos millones de años, la explosión cámbrica, el despegue de los pluricelulares ni la extinción masiva que la sucedió. Un gigantesco azar seleccionó, recompuso, recombinó sistemas de especies.

Sin duda, el hombre (como cualquier otra especie biológica) es un producto de la acción combinada del ecosistema, de las estructuras replicantes, de los agentes mutógenos de, de las resistencias ambientales, de las resistencias organísmicas del azar y de la necesidad. Podemos asegurar que, en el caso de que se destruyera toda la vida del planeta y volviera todo a comenzar de nuevo, de surgir una forma de vida inteligente (algo hartamente improbable), ésta sería totalmente distinta a la que conocemos hoy

Edgar Morin señala con gran acierto que

"" somos los herederos de los protozoarios que, incapaces se asimilar la energía solar, desarrollaron entonces estrategias heterótrofas. Somos los herederos de las anaerobias que, enfrentadas al veneno mortal del oxígeno, han acondicionado su organización para servirse de él como desintoxicante. Somos los herederos del pez despavorido que encuentra su respiración en lo que le asfixia. ""

Si los vertebrados superiores estamos dotados de cuatro extremidades es porque procedemos de los peces que contaban con cuatro aletas natatorias. A la vida acuática de nuestros antecesores debemos igualmente que nuestros ojos sean húmedos y acuosos. Nuestro sistema circulatorio y digestivo ya se encontraba simplemente esbozado en el mar, el sistema respiratorio y los pulmones son las primeras conquistas terrestres que proceden por evaginación de la cavidad esofágica, nuestra formación embrionaria, sumergida en el líquido amniótico, nos recuerda nuestra procedencia de animales marinos.

A la producción de todo suceso singular han concurrido miles de factores diferentes, concatenados a fenómenos destructivos. La inteligencia y la cultura pudieron ser una respuesta elegida al azar de entre un número indeterminado de respuestas. Un fenómeno destructivo imprevisto fué el cambio climático ocurrido al final de la era Mesozoica. Un conjunto de especies perfectamente adaptado al ecosistema sucumbió drástica y repentinamente. A la extinción masiva de los dinosaurios producida hace 65 millones de años debemos la expansión de los mamíferos que ocuparon el nicho ecológico vacante.

De no haberse producido dicha extinción, los mamíferos nunca podrían haber aprovechado la oportunidad, hubieran permanecido indefinidamente en las ratoneras al no haber encontrado la casa deshabitada.

No hay más que observar a las aves, únicos descendientes de los dinosaurios, que han copado, por así decirlo, la vida aérea: el único mamífero volador, el murciélago, sólo ha podido ocupar un pequeño espacio ecológico vacante, y para ello se ha debido hacer ciego y nocturno, pues el aire ya pertenecía a los descendientes de los grandes saurios.

Imaginémonos que no se hubiera producido esa súbita extinción masiva de dinosaurios: las pequeñas musarañas (hablo en sentido figurado para referirme a los pequeños mamíferos) de hace setenta millones de años podrían haber permanecido indefinidamente agazapadas entre las grietas de las rocas; ni siquiera "purgatorius", el pequeño plesiadapiforme, origen de los primates, hubiera hallado su oportunidad.

Se cerró un volumen de la historia natural y comenzó otro nuevo. Pero de hecho nada hay a favor de que interviniera una razón astuta que desde abajo exigiera la eliminación de unas especies como premisa de la aparición de otras nuevas, los saurios pudieron haber permanecido cien millones de años más.

De la aparición de la vida inteligente se puede decir lo mismo que sobre la aparición de la vida en general. Una sola especie del planeta es la que ha generado culturas. De haber obedecido a esa necesidad natural, varias especies distintas hubieran emprendido la misma senda hacia la cultura, y no tendría porqué haber sido una cualidad exclusiva de los mamíferos, sino también de los insectos, los cefalópodos (al respecto, se dice que el pulpo es el invertebrado dotado de mayor inteligencia que se conoce), los moluscos, los anfibios y los reptiles.

CONCLUSIÓN

El mismo argumento de la extrema improbabilidad de la aparición de la vida en la Tierra así como de la aparición del hombre que os induce a los crédulos a "deducir" o a contemplar de forma arbitraria y sin criterio la aparición de un Creador Ordenador de todas las cosas, lo usamos los incrédulos para afirmar la existencia de la vida y nuestra existencia misma como un hecho fortuito y contingente producido en un solo acto. Sobra, por tanto, el sofisma: "todo ser contingente es causado"

Dios no sirve ni como hipóstesis explicativa. Ya que eres tan sabio, acuérdate de lo que le dijo Laplace a Napoleón cuando este último le preguntó sobre el papel de Dios en el sistema planetario.

 

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2 comentarios

Gaspar -

Interesante, mira comparto tu opinión, pero tengo mis dudas en algunas cosas, Stephen Hawking comenta también que pareciera que no se pudo haber generado otra formula de vida en base de carbono, ósea el universo pareciera que solo puede albergar este tipo de vida, pero como tu bien dices también esta el silicio, pero por que no se genero vida con base de silicio. Espero no molestar soy solo alguien que desea entender algo mas de la vida, una pregunta, tomando como inicio que el silicio es un semiconductor y se utiliza como base para la electrónica, entonces: el carbono que propiedades conductoras tiene?, seria interesante saberlo.

Pasando a otro punto, la extinción de los dinosaurios y muchos otros eventos en el universo y la tierra. Me hacen pensar que algo o alguien creo esta gran sopa genética, no necesariamente un Dios, tengo la impresión de que somos un gran experimento, hay muchas cosas que las encuentro sospechosas en el sentido de cómo ocurrieron, por ejemplo no se si estoy en lo cierto pero tengo también la impresión de que si no se hubiesen acumulado durante millones de años grandes cantidades de saurios, vegetales o vidas orgánicas en general durante millones de años para dieran como resultado combustible fósil, no habríamos pasado nunca a la edad industrial.

Bueno son sencillos pensamientos y preguntas que tengo.

Anónimo -

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